
Te has llegado a preguntar alguna vez si serías capaz de renunciar a un Smartphone en favor de un teléfono móvil con funciones… ¿básicas? Yo sí, yo me lo he llegado a plantear en alguna ocasión, y la respuesta que me he dado a mí mismo es que no podría renunciar.
La telefonía móvil, de consumo generalizado, comenzó a despegar realmente a partir de la segunda mitad de la pasada década de los 90, y en aquel entonces el simple hecho de contar con un celular para comunicarnos desde cualquier lugar y en cualquier momento…nos parecía algo fabuloso. Las llamadas desde el móvil eran más personales, más privadas, pudiendo buscar un lugar tranquilo a salvo de indiscreciones: lejos de la exposición pública de una cabina telefónica, exentos de la limitación de longitud de cable en un teléfono particular.
A finales de la pasada década de los 90, teléfonos móviles como el Motorola StarTAC o Ericsson 788e nos concedían un soplo de aire fresco a nuestras necesidades de comunicarnos con familiares, amigos y parejas, siendo los mensajes cortos una vía sencilla y efectiva para decir algo que nos importaba o que contenía información relevante. Llamar o escribir un mensaje corto, ¿Qué más había por aquella época? Poco más de 15 años después, las comunicaciones a través de un móvil han cambiado radicalmente y, aunque las llamadas de voz y los mensajes cortos (SMS) se siguen utilizando…. hay otras vías de comunicación más sociales y ricas en contenido: WhatsApp, los mensajes en el muro de Facebook, un tweet, un InMail o el correo electrónico han cambiado la forma en que las personas se conectan las unas a las otras.
Pero más allá de una simple acción de comunicarse, ¿Podrías renunciar a tu Smartphone por un simple teléfono móvil? La evolución de los propios dispositivos, del software y también la evolución tecnológica de las redes digitales inalámbricas han propiciado un cambio extraordinario en la forma en la que los ciudadanos sacamos partido a lo que hoy llamamos teléfono móvil inteligente (o Smart Phone). Ha sido tal la acomodación de estos pequeños instrumentos a nuestra vida cotidiana, que se nos hace impensable abandonarlos en casa dentro de un cajón, sobre la mesilla de noche, en el recibidor o cualquier otro lugar que se nos pueda ocurrir. El teléfono móvil es una extensión de nuestra propia personalidad, una herramienta de ocio o trabajo imprescindible (en mayor o menor medida) que va siempre con nosotros, ya sea en el bolsillo de un pantalón o extraviado en un bolso, listo para satisfacer cualquiera de las actuales y gran diversidad de funciones que se le pueden atribuir. Y ya no hablo simplemente de realizar una llamada.
Si en 1996 las cámaras compactas y reflex de 35mm eran de lo más corriente entre el público, casi 20 años después, aunque el sistema de carretes ha sido substituido por el de archivos digitales .RAW/JPG almacenados en tarjetas de memoria, lo cierto es que, en cualquier lugar, todo individuo puede capturar un momento mediante un teléfono móvil: si en 1996 alguien hubiera dicho que dos décadas adelante prácticamente todo el mundo llevaría una cámara digital en el bolsillo… pocos habrían visto en ello un atisbo de certeza. Smartphones como el LG Optimus G constituyen la representación más convincente de hasta donde puede llegar la fotografía digital, 13MP para inmortalizar un instante: ¿Qué puede haber más compacto que una teléfono móvil para comportarse como cámara digital y videocámara?
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